Yo aborté, no deseo maternar, el Misoprostol es eficaz y seguro hasta la semana doce, es mi cuerpo, mi decisión“.

Estas son algunas de las frases que están en boca de las argentinas, estos son los aforismos que evidenciarían que el aborto salió del closet y el feminismo no es una moda, sino un cambio cultural.

El senado rechazó la ley de interrupción voluntaria del embarazo y retrasó su aprobación al menos por dos años, la iglesia fue un actor fundamental, presionó con el fin de mantener su último baluarte de poder: Latinoamérica.

Lo que no saben es que las mujeres ganaron la batalla, la ganaron dentro de la sociedad, la ganaron poniendo el cuerpo, ese mismo cuerpo del que se adueñaron y que ya no le pertenece a la iglesia, ni al capital, ni a los mandatos.

El aborto ya no es ficción, ya no es un tabú, pero sigue siendo clandestino y se lleva la vida de las mujeres pobres, porque 38 senadores decidieron que así fuera.

Nunca se habló tanto de los derechos de las mujeres como en estos últimos meses en Argentina, nunca tantas generaciones se unieron bajo una misma bandera.

El movimiento feminista que impulsó el debate por la despenalización del aborto es amplio en su composición etaria y política, sus voces detonaron la opinión pública, irrumpieron los medios de comunicación y vistieron de verde todas las calles.

La noche del 8 de agosto de 2018, helada y lluviosa en Buenos Aires, se colmó de manifestantes a favor y en contra.

De un lado de La Plaza del Congresos las iglesias católicas y Evangélicas hicieron sentir su poder, movilizaron files desde todas las provincias argentinas con gran presencia de las más conservadoras Catamarca, Tucumán, La Rioja y Salta.

Del otro lado, las mujeres que sostienen el movimiento feminista llenaban la avenida Rivadavia, Callao y una de las colectoras de 9 de julio con sus pañuelos verdes, frazadas y paraguas que les permitían enfrentar las bajas temperaturas, la lluvia y mantener a los 2 millones de personas en la calle, para ejercer presión popular.

Los bares llenos trasmitían el debate del Congreso en vivo, los cajeros de los bancos servían de refugio contra la intensa lluvia, el mate iba y venía de mano en mano.

Días antes de la votación el papa Francisco dijo “que el aborto era un homicidio” y abrió el juego para que católicos y evangélicos se unieran en una caza de brujas, que incluyó intimidaciones a los senadores denunciadas durante el debate.

¿Por qué el papa votó contra el aborto?  Porque las mujeres argentinas empoderadas podían contagiar a las mujeres brasileras, peruanas, chilenas, venezolanas y mexicanas.

Una Latinoamérica feminista le provocó terror a una iglesia incapaz de mutar hacia el siglo XXI.

Por eso el vaticano entró en el Senado argentino para clausurar el debate y seguir estigmatizando a las mujeres sin recursos.  Así fue como el senador Rodolfo Urtubey se sintió cómodo para decir que “no hay violencia en una violación intrafamiliar” y La senadora Cristina López Valverde declaró con descaro: “no leí el proyecto, pero voto en contra”.

Sin brindarle ninguna opción a las mujeres que no sea la clandestinidad, el proyecto que tenía media sanción de la cámara de Diputados, fue desestimado.

La pregunta entonces flota en el aire: ¿el reclamo se terminó? ¿las mujeres ya no abortan? Claro que no.

El movimiento feminista sigue avanzando contra la estructura del patriarcado, es el sector más dinámico de la sociedad, el que más ha crecido en los últimos dos años.

Ellas le han puesto el cuerpo a una disputa que atraviesa al lenguaje, los vínculos afectivos, la desconstrucción del lugar de las mujeres en la sociedad y la política.

Con cada discusión, con cada postura, desde el esfuerzo cotidiano y silencioso han sembrado una matriz solidaria que les permite enfrentar el sistema perverso que pretende silenciarlas, robarles el placer, obligarlas a ser madres, comercializarlas como objeto y desecharlas en bolsas de basura como lo han hecho muchos femicidas.

Se terminó el tiempo de la mujer sumisa, para las argentinas es el tiempo de la “mujer salvaje” y más temprano que tarde será ley.

Natalia Ivana López / News Report